Dejé un mar de flores para unos pies descalzos.
Cientos de alfombras perfumadas en tomillo,
todas de color manzanilla.
Allí donde nadie llegó, las dejé.
Como las palabras que se vuelven mudas,
como letras robadas a un viejo diario sin concluir.
El corazón grita sin hablar, duele,
te busca sin descanso, sin darme tregua.
Un inmenso mar de flores para unos pies descalzos.















