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28/6/18

Al otro lado del mar



Donde cantan los grillos la conocí.
Soñaba despierto mientras me perdía en mil caminos donde encontrarla.
Caminos de melancolía, de deseos de sentirla,
de buscarla mas allá de los sueños.
El viento me despertaba susurrando su nombre.

Hoy mirando al mar espero,
mientras el sol se duerme en el horizonte.
Una luz parpadea en mitad de la noche,
débil, frágil... a veces intensa,
al otro lado del mar.

16/2/17

Ane y el mar



A Ane le gusta el mar, el olor a mar,
el sonido de las olas,
con buena compañía
o tan solo con su guitarra.


Del cantábrico, al mediterráneo.
Lejos de su Bizkaia natal, eligió Barcelona

por tener mar.

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Links Ane Lekanda Alzibar



9/2/17

Ane, arte a escena





"No hay pasión más poderosa que la pasión del teatro" 
(Te robo una cita de Samuel Beckett, que la hago tuya...)

y digo yo...
Que mas escenario que la propia vida? El papel de tu vida!
Olvidarse del personaje y ser uno mismo.

Ella sonríe constantemente, por dentro y por fuera. 
Ya quisiera yo para el gruñón que llevo dentro...
Derrocha luz, vida, valentía... yo, un intento por no perderlo.
Una estupenda sesión de fotos donde el paisaje paso a ser ella.



Ane Lekanda, actriz, estudiante de psicología y criminología.
Vive entre Mungía (Bizkaia) y Barcelona, donde cursa sus estudios.

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Links Ane Lekanda Alzibar

24/12/13

Bordeando el extremo norte



Punta Fariones está situada en el punto norte mas extremo de la isla canaria de Lanzarote.
Vista desde el mar resulta espectacular y una vez bordeada, el pequeño ferry se dirige a la maravillosa isla de La Graciosa.
El viaje apenas duró media hora, pero son de esas pequeñas cosas por hacer que se hacen grandes y placenteras. El trayecto comienza en el pueblo de Órzola bordeando la costa noreste de la isla hasta llegar a la punta norte del Risco de Famara que desciende abruptamente en el mar. Desde este punto nos adentramos en "El río", franja de mar que separa las dos islas,  hasta llegar a puerto en la Caleta del Sebo. El mar no estaba para muchas bromas y en muchos momentos mantenerse pegado al asiento mientras tomaba algunas instantáneas era toda una proeza, pero no podía pasar la oportunidad. Éramos pocos en el viaje y algunos optaron por bajarse a cubierto. Los que nos quedamos pudimos disfrutar del fuerte vaivén arriba y abajo del barco y la brisa marina en nuestras caras.