Quedan restos de pintura azul, sobre el roble centenario. Cerradura y aldaba, aún hacen su función.
Fantasmas de un pasado en un presente vacío. Que no se pierdan las llaves.
Los Llazos, un pequeño pueblo de la montaña palentina que tuve el placer de visitar esta primavera, donde tan solo me recibieron con extrañeza y algún que otro ladrido, tres simpáticos perros seguramente del único habitante del lugar y al que no pude ver...
La despoblación y el abandono del lugar lo invade todo y algo te sobrecoge por dentro, mientras me adentro en sus cortas calles, imaginando a sus gentes entre sus imponentes muros.
Los tejados han ido desapareciendo, seguramente por las intensas nevadas que por estos lares acontece. La valentía de su único habitante es digna de reseñar y nos tendría que hacer pensar si es esto lo que queremos para nuestra historia, nuestros orígenes.
Da pena ver como nuestros pueblos van desapareciendo poco a poco sin que nada ni nadie ponga remedio. Un pueblo precioso en un valle de cuento, que se sumará a la larga lista de pueblos desaparecidos.